viernes, 25 de febrero de 2011

Fokker D VII El Máximo Caza de la Primera Guerra Mundial

El césped verde del aeródromo de Cappy, resuena con el rugido de poderosos motores, salen al cielo los ases del aire del Jagdgeschwader Richthofen I (Jasta 10); la máquina: un nuevo caza aleman capaz de recobrar la supremacía en el cielo de Eruopa: el Fokker DVII.

En Enero de 1918, se organizó una competencia en Berlín: la finalidad era obtener un contrato para la fabricación de nuevos cazas. El aeródromo de Berlín Adlershaf fue el escenario, se presentaron a la competición 31 máquinas diferentes: AEG D 1; Albatros D Va (4 aviones diferentes); Aviatik D III, Fokker V9, V11, V13 (dos modelos), V17, V18, V20; Kondor D II; Pfalz D IILA (2 aviones diferentes), VID, DVII; Roland D VI (2 aviones diferentes) D VII, IX D; Rumpler D (2 modelos diferentes); SchElite-Lanz D III, Siemens Schuckert D III (4 aviones diferentes) y triplano DR 1 (con 2 modelos diferentes). El ganador de la competencia fue el Fokker DVII y se ordenó su producción inmediata.


Con el fin de acelerar la fabricación, se utilizaron las superficies del fuselaje y la cola del triplano Fokker Dr I; sin embargo al emplear este un motor rotativo, tenía menos nariz para alojar el nuevo motor Mercedes DIII de 6 cilindros. Este factor determinó que el fuselaje fuera alargado un poco, y además se añadió una aleta de compensación. El resultado fue un prototipo inestable, verificado en tierra por Manfred Von Richthofen, este recomendó una serie de modificaciones, resultando en un aeroplano fácil de volar, corrigiéndose la inestabilidad direccional y el problema al momento de efectuar ataques en buceo. En el simulacro campo que se llevó a cabo, el D VII resultó superior y, había que destacar su particular capacidad para mantener su maniobrabilidad en altura y otro detalles que impresionaron a los pilotos de la Jastas, siendo unánimes en su elección de este avión.

viernes, 11 de febrero de 2011

100 Años de Aviación Peruana - Llegada de Juan Bielovucic al Perú (Segunda Parte)

Estos artículos son tomados del Libro: "Bielovucic: Pionero de la Aeronaútica Castrense", del Grl José Zlatar Stambuk, Presidente del Instituto de Estudios Históricos Aeroespaciales del Perú.

La llegada a Lima, el 8 de enero de 1911, del celebre héroe de la aeronáutica internacional Juan Bielovucic Cavalie, asume caracteres de una apoteósica recepción, en la que tomó parte un gran sector de la ciudadanía del primer puerto y de la capital de la República, vibrando de emoción por la naciente conciencia aeronáutica de nuestro pueblo.

Juan Bielovucic llega a Lima.

La llegada a Lima de Juan Bielovucic Cavalié constituyó otro gran acontecimiento, por la magnitud del homenaje popular y por el calor patriótico que la enardecía. Entre las autoridades que esperaban a Bielovucic en la estación del ferrocarril también se encontraba su colega  CarlosTenaud, que había arribado a Lima dos días antes trayendo un avión Blériot Una compacta muchedumbre acompaño a Bielovucic hasta el Palacio de Gobierno, prodigándole en todo el trayecto sus aplausos. En Palacio fue recibido por el Presidente de la Republica, don Agusto B. Leguía, a quien presento un saludo y con quien departió momentos„ para luego concurrir a la ceremonia solemne de La Municipalidad de Lima, en que el Alcaide, señor Nicanor Carmona, le presento el saludo de la ciudad con el siguiente discurso:


"Señor Bielovucic: No necesito deciros que lima esta de plácemes; que Lima esta de fiesta, desde que habéis pisando tierra peruana; y esta de fiesta, porque sabe bien vuestros triunfos en el viejo mundo; porque los ha aplaudido; porque conoce hasta donde podéis ir; porque no ignora que eso es orgullo para La patria.  Si la suerte, desgraciadamente, nos arrebata a Jorge Chávez., el Dios de las Naciones nos ha deparado la recompensa, dándole al Perú otro hijo, tan esclarecido como él, que venga a llenar el vacío que deja. tenemos una esperanza mas; que vos, que habéis de formar Escuela de Aviación aquí, y que tenéis un aventajado discípulo como Carlos Tenaud, que a su vez ha de formar también Escuela, ello de traer como consecuencia, acontecimientos que serán de honra y provecho para nuestra patria, porque todos sabemos hasta donde puede llegar la aviación en favor de los Pueblos débiles".

jueves, 10 de febrero de 2011

Un Precursor de la Aviación: Santiago de Cárdenas apodado "El Volador"

Manuel Ricardo Palma Soriano (1833-1919) fue un tradicionalista y periodista peruano, su obra principal "Tradiciones Peruanas", refleja diversos pasajes de la vida nacional, principalmente de la época colonial como republicana. La primera publicación de esta serie de libros data de 1872. Para 1881 participó en la batalla de Miraflores en el Reducto No 2 (ubicado hoy en la Av. Benavides con Paseo de la República). Terminada la guerra se encarga de restaurar y recomponer la destruida y saqueada Biblioteca Nacional de Lima, siendo apodado por la gente limeña, tan curiosa en sus apreciaciones, como el "Bibliotecario Mendigo". 

En este artículo reproduzco una de las tradiciones de Ricardo Palma, que sin lugar a dudas, tienen que ver con la historia de la aviación. Trata de un ciudadano peruano, nacido en el puerto del Callao y como tal, de mente creativa e inquieta: Santiago de Cárdenas (1726-1766), el cual inspirado en el vuelo de la tijereta, redacta los principios de la máquina voladora, en una obra conocida como "Nuevo Sistema de Navegación por los Aires, Sacado de las Observaciones de la Naturaleza Volatil".

Ricardo Palma nos cuenta...

Difícilmente se encontrará limeño que, en su infancia por lo menos, no haya concurrido a funciones de títeres. Fue una española, doña Leonor de Goromar, la primera que en 1693 solicitó y obtuvo licencia del virrey conde de la Monclova para establecer un espectáculo que ha sido y será la delicia infantil, y que ha inmortalizado los nombres de ño Panchón, ño Manuelito y ño Valdivieso, el más eximio titiritero de nuestros días.

Futre los muñecos de títeres, los que de más popularidad disfrutan son ño Silverio, ña Gerundia González, Chocolatito, Mochuelo, Piticalzón, Perote y Santiago Volador. Los primeros son tipos caprichosos; pero lo que es el último fue individuo tan de carne y hueso como los que hoy comemos pan. Y no fue tampoco un quídam, sino un hombre de ingenio, y la prueba está en que escribió un originalísimo libro que inédito se encuentra en la Biblioteca Nacional y del que poseo una copia. Este manuscrito, en el que la tinta con el transcurso de los años ha tomado color entre blanco y rubio, debió haber pasado por muchas aduanas y corrido recios temporales antes de llegar a ser numerado en la sección de manuscritos; pues no sólo carece de sus últimas páginas, sino lo que es verdaderamente de sentir, que algún travieso le arrancó varias de las láminas dibujadas a la pluma, y que según colijo por la lectura del texto, debieron ser quince.

Titúlase la obra Nuevo sistema de navegación por los aires, por Santiago de Cárdenas, natural de Lima en el Perú5. Por el estilo se ve que en materia de letras era el autor hombre muy a la pata la llana, circunstancia que él confiesa con ingenuidad. Hijo de padres pobrísimos, aprendió a leer no muy de corrido, y a escribir signos, que así son letras como garabatos para apurar la paciencia de un paleógrafo.

En 1736 contaba Santiago de Cárdenas diez años de edad, y embarcose en calidad de grumete o pilotín en un navío mercante que hacía la carrera ente el Callao y Valparaíso. El vuelo de una ave, que él llama tijereta, despertó en Santiago la idea de que el hombre podía también enseñorearse del espacio, ayudado por un aparato que reuniese las condiciones que en su libro designa. Precisamente muchas de las más admirables invenciones y descubrimientos humanos débense a causas triviales, si no a la casualidad. La oscilación de una lámpara trajo a Galileo la idea del péndulo; la caída de una manzana sugirió a Newton su teoría de la atracción; la vibración de la voz en el fondo de un sombrero de copa, inspiró a Edison el fonógrafo; sin los estremecimientos de una rana moribunda, Galvani no habría apreciado el poder de la electricidad, inventando el telégrafo; y por fin, sin una hoja de papel arrojada casualmente en la chimenea y ascendente aquella por el humo y el calórico, no habría Montgolfier inventado en 1783 el globo aerostático. ¿Por qué, pues, Santiago en el vuelo del pájaro tijereta no había de encontrar la causa primaria de una maravilla que inmortalizase su
nombre?